Te levantas un lunes más. Suena la alarma y, en lugar de la chispa de curiosidad por lo que el día traerá, sientes ese peso familiar en el pecho. Vas al trabajo (físico o a esa silla de tu casa), cumples, entregas, atiendes reuniones. Quizás incluso recibes un buen salario, reconocimiento, estabilidad. Pero hay algo que no termina de encajar. Una pregunta susurra en el fondo: “¿Para qué hago todo esto, en realidad?”.
Si te identificas, no estás solo. Ni eres un “malagradecido”. Lo que experimentas es una señal de tu cerebro y tu corazón pidiendo algo más profundo: significado. Como psicólogo organizacional y terapeuta, veo este patrón constantemente: profesionales exitosos por fuera, pero navegando un vacío silencioso por dentro. Hoy quiero invitarte a explorar el motor personal de tu vida laboral. No para darte fórmulas mágicas, sino para acompañarte en una reflexión que puede cambiar la lente con la que ves tu carrera.
Vivimos la paradoja de la hiperconexión y la desconexión profunda. El modelo híbrido o remoto, si bien ofrece flexibilidad, a menudo ha borrado los límites y diluido el sentido de pertenencia. Sumamos a esto la resaca emocional de años de incertidumbre y la cultura del “presentismo” o “quiet quitting” – ese hacer solo lo justo, no por flojera, sino por un instinto de autoprotección ante la falta de propósito.
El problema no es que el trabajo sea aburrido o que falte valor. El problema, frecuentemente, es que hemos desaprendido a conectar nuestro quehacer diario con algo que nos importe personalmente. Nos convertimos en operadores automáticos de tareas, desconectados del impacto de nuestro esfuerzo.
María (por poner un nombre), una gerente de proyectos, vino a consulta diciendo: “Todo va bien en papel, pero siento que estoy en piloto automático”. Su distorsión cognitiva era clara: pensamiento dicotómico. “O renuncio a todo y me voy a una ONG *o* me aguanto aquí otros diez años”. Ignoraba un mundo de posibilidades intermedias: re-enmarcar su rol actual.
Su trabajo no había cambiado; lo que había cambiado era la narrativa que ella tenía sobre él. Había pasado de verse como “la que mueve papeles y presiona plazos” a “la que crea las condiciones para que su equipo brille y los clientes tengan soluciones que mejoran su día a día”. No cambió de empleo. Cambió su lente cognitivo,- como cuando nos cambiamos los lentes para ver las cosas de forma diferente-. Esto ayuda a la reconexión con el propósito: no siempre se trata de cambiar lo que haces, sino de cambiar cómo ves lo que haces.
Como terapeuta cognitivo-conductual, observo patrones mentales que secuestran nuestro propósito:
“El propósito es un lujo para privilegiados.” Falso. El propósito no es encontrar la misión épica de tu vida. Puede ser micro-propósito: el orgullo de un informe impecable que ayuda a un colega, la paciencia al entrenar a un nuevo miembro del equipo, la creatividad para resolver un problema molesto. Es la contribución percibida.
“Mi trabajo es solo un medio para un fin (vivir el fin de semana).” Esta creencia, aunque parece realista, es tremendamente costosa. Divide tu vida en “tiempo de vida” (ocio) y “tiempo de supervivencia” (trabajo). Psicologicamente, esto genera a la larga una sensaciónde vacío.
“Si no soy apasionado/a al 100%, estoy en el lugar equivocado.” La pasión no es un fuego constante; a veces necesita ser avivada. Esperar siempre estar super motivado es una receta para la frustración. La dedicación tranquila y el interés sostenido son indicadores más realistas y saludables.
Ignorar esta sed de significado tiene un costo. A nivel individual, es la puerta principal al burnout (no el por exceso de trabajo, sino el por falta de sentido). Aparecen la apatía, la irritabilidad, los problemas de sueño y un cinismo que contamina otras áreas. En las organizaciones, se traduce en equipos que “funcionan” pero no innovan, en talento que se va sin dar razones claras, en un clima donde se hace lo mínimo.
Te propongo un ejercicio, no para que encuentres respuestas definitivas en 5 minutos, sino para que empieces a escuchar mejor las preguntas.
Detén el piloto automático por un día. Elige una tarea rutinaria. Mientras la realizas, pregúntate: ¿A quién beneficia esto directa o indirectamente? ¿Qué habilidad humana (empatía, precisión, creatividad) estoy usando en este momento?
Revisa tu historia. Escribe la frase “Mi trabajo es…” y termínala con 5 palabras. ¿Son negativas (“aburrido”, “estresante”, “solo para pagar cuentas”)? Ahora, reescríbela buscando un ángulo de contribución: “Mi trabajo es… crear orden en el caos para mi equipo” o “traducir problemas complejos en soluciones simples para los clientes”.
Conecta con tus valores no negociables. ¿Qué es importante para ti más allá del dinero? ¿Aprendizaje? ¿Conexión humana? ¿Excelencia? ¿Justicia? Ahora, escanea tu semana laboral: ¿En qué momento, por pequeño que sea, viviste uno de esos valores? (Ej: Ayudaste a un compañero → valor “solidaridad” o “comunidad”).
Encontrar propósito no es un destino al que se llega tras un cambio radical. Es una brújula interna que se calibra día a día. Es la decisión consciente de buscar y atribuir significado a lo que ya estás haciendo.
La invitación hoy es a hacer una pausa. A cuestionar la narrativa automática de “esto es solo un trabajo”. Tu bienestar psicológico y tu eficacia profesional a largo plazo dependen de que reconectes ese motor personal.
Si al hacer este ejercicio descubres que la desconexión es muy profunda, que el malestar persiste o que las creencias negativas son un muro muy alto, considera que a veces necesitamos una guía externa. La psicoterapia, desde un enfoque cognitivo-conductual, puede ser un espacio poderoso para desarmar esas distorsiones y reconstruir una relación más sana y significativa con tu vida laboral. No es una derrota; es una inversión en la única carrera que realmente tienes: tu vida.
Tu próximo paso hoy puede ser simple: Elige una de las preguntas anteriores y déjala resonar. No forces una respuesta. Solo observa qué surge. El significado a menudo se encuentra no en la respuesta ruidosa, sino en el silencio atento de la pregunta correcta.