Hay una frase que escucho con frecuencia, tanto en sesiones terapéuticas como en conversaciones dentro de organizaciones:
“Este año va a estar muy pesado… no sé si pueda con todo.”
A veces se dice en tono de broma.
Otras veces se dice con una sonrisa nerviosa.
Pero detrás de esa frase hay algo más profundo: una sensación de sobrecarga anticipada.
No es raro. Vivimos en contextos laborales cada vez más demandantes. Los equipos son más pequeños, los objetivos más altos, los cambios más rápidos y la presión más constante. En ese escenario, el cerebro intenta protegernos anticipando posibles dificultades. El problema es cuando esa anticipación se convierte en una sentencia interna.
“No puedo con este año” no es una realidad. Es un pensamiento.
Y los pensamientos, aunque se sienten verdaderos, no siempre son precisos.
Este tipo de ideas suelen aparecer cuando sentimos que las exigencias superan nuestros recursos. Tal vez hubo un cierre de año complicado. Tal vez hay metas nuevas, cambios en el equipo, incertidumbre económica o responsabilidades personales acumuladas. La mente intenta hacer sentido de todo eso y, a veces, lo hace de forma extrema.
Ahí es donde comienzan a aparecer distorsiones cognitivas muy comunes.
Por ejemplo, la catastrofización: imaginar que todo será demasiado difícil desde el inicio.
La generalización: asumir que, si algo empezó mal, todo seguirá igual.
El pensamiento todo o nada: creer que debemos poder con todo sin sentirnos cansados.
O la lectura del futuro: convencernos de que no lo vamos a lograr.
El problema no es tener estos pensamientos. Todos los tenemos.
El problema es creerlos sin cuestionarlos.
Cuando una persona empieza el año pensando que no podrá con él, su comportamiento comienza a alinearse con esa idea. Se siente más ansiosa, más irritable, más cansada desde antes de empezar. Posiblemente posterga tareas, duda más al tomar decisiones o se exige de forma excesiva. Poco a poco, el desgaste se vuelve real.
Y entonces el pensamiento inicial parece confirmarse.
Aquí es donde entra una herramienta sencilla pero profundamente transformadora: la reestructuración cognitiva. No se trata de pensar positivo ni de engañarse con frases motivacionales. Se trata de aprender a observar lo que nos decimos y preguntarnos si realmente es justo, preciso y útil.
Por ejemplo, cuando aparece el pensamiento: “No puedo con este año”, vale la pena detenerse un momento y preguntarse:
¿Qué evidencia real tengo de que no podré?
¿Estoy viendo todo el año como una sola carga gigante?
¿He enfrentado años difíciles antes y los he sacado adelante?
¿Estoy confundiendo cansancio con incapacidad?
Este simple ejercicio cambia algo importante: pasamos de reaccionar automáticamente a reflexionar conscientemente.
En el entorno laboral, he visto cómo este tipo de pensamientos impacta el desempeño de líderes y colaboradores por igual. Un jefe que cree que “todo depende de él” termina saturado y desconectado de su equipo. Un profesionista que siente que “no va a poder” empieza a dudar de decisiones que antes tomaba con seguridad. Un colaborador que anticipa fracaso trabaja con miedo en lugar de trabajar con enfoque.
Y lo más importante: muchas veces sí tienen la capacidad, pero la narrativa interna ya los convenció de lo contrario.
Reestructurar un pensamiento no significa eliminar la dificultad. Significa cambiar la forma en que la enfrentamos.
No es lo mismo decir: “No puedo con este año” que decir:
“Este año será demandante, pero puedo ir paso a paso.”
“Voy a necesitar organizarme mejor y pedir apoyo.”
“No tengo que resolver todo hoy.”
Ese pequeño cambio en el diálogo interno genera un cambio emocional. Y ese cambio emocional modifica el comportamiento.
Más claridad.
Menos ansiedad anticipatoria.
Más acción.
Desde mi experiencia clínica y organizacional, he visto que muchas personas no se rompen por la carga real de trabajo, sino por la historia que su mente les cuenta sobre esa carga.
Por eso, tal vez el ejercicio más importante al inicio o durante el año no es hacer más planes, sino escuchar con atención cómo nos estamos hablando.
¿Te estás exigiendo como si fueras una máquina?
¿Te estás diciendo que no puedes antes de intentarlo?
¿Estás viendo todo como un solo problema gigante?
Cambiar la forma de pensar no resuelve todo. Pero cambia la forma en que te relacionas con lo que vives. Y eso, muchas veces, es la diferencia entre sobrevivir el año… o construirlo con mayor equilibrio.
Si este tipo de pensamientos aparecen con frecuencia y sientes que te están rebasando, no es señal de debilidad. Es una señal de que tu mente está intentando protegerte. A veces, aprender a observarla y trabajar con ella, con apoyo profesional si es necesario, puede marcar un antes y un después.
Porque no se trata de poder con todo.
Se trata de aprender a acompañarte mejor en el proceso.